
PRIMEREANDO


Historia de mi vocación.
Hna Josefina Rojas.
Nací el 27 de agosto de 1954, en la zona rural de Goya (Corrientes), soy la cuarta de 10 hermanos. Fui bautizada en la Parroquia la Rotonda. Recibí los sacramentos de Iniciación en el campo, a los 6 años de edad la 1° Comunión y a los 9 años la Confirmación. El primer llamado de Dios lo sentí a los 4 o 5 años. Mi mamá se enojó con mi hermana mayor y le dijo: “Vos pareces una monja, te gusta estar siempre encerrada!” y yo pensé “¡Qué hermoso debe ser, ser monja!”
No recuerdo el año en que las Hermanas Pastorcitas comenzaron a ir de misión a Corrientes, pero sí yo tenía 10 u 11 años cuando en la novena a la Virgen de Iratí, Patrona de la Capilla de Pago Redondo, donde mi familia vivía, Hna. Beatriz me preguntó si yo quería ser hermanita, y yo dije sí; me preguntó la edad y me dijo: “Cuando cumplas los 12 años te venimos a buscar”
Nuevamente las hermanas fueron a la Capilla y yo me acerqué y le dije que ya tenía 12 años. Hna. Beatriz habló con mi papá y mamá y el 27 de enero de 1967, ingresé a la Congregación.
Estudiaba y recibía formación religiosa. Hasta que, el tercer año que estaba en la Congregación, como todos los años fui de vacaciones a mi casa, y ya cuando faltaba una semana para regresar, mis padres me propusieron que pensara, si yo regresaba tenía que ser religiosa toda mi vida, sino que me quedara. Yo tenía 15 años, escribí a hna. Beatriz que ya no regresaba, pero que cuando fuera mayor de edad y si yo me daba cuenta que verdaderamente tenía vocación, iba a regresar.
Al poco tiempo el sacerdote me propuso ser catequista aún contra la voluntad de mi papá acepté. A los 19 años me puso como coordinadora de la catequesis. Sentí tanta alegría, que escribí a hna. Beatriz, contándole y agradeciendo, todo lo que había aprendido con las hermanas. Ella me contestó e invitó a venir a San Miguel a aprender cosas nuevas. Yo por temor a mi papá no vine.
Continué trabajando en la Capilla, cada vez me comprometía más. Asumí la liturgia, promoción humana y grupo de jóvenes; más tarde me puso el sacerdote de tesorera de la comisión pro templo.
A la vez, los mismos jóvenes participábamos de un grupo de Teatro Vocacional promocionado por el ministerio de cultura de la provincia de Corrientes. Teníamos un profesor de teatro y presentamos dos obras. La primera fue “Las del barranco” y más tarde “Mi hijo el doctor”, presentamos en distintas zonas rurales.
Cuando cumplí los 25 años participé de la primera Asamblea Parroquial con cede en Goya (todos los representantes de la zona del campo y de la ciudad) Allí me eligieron para coordinar en cinco comunidades a los jóvenes. Nuevamente escribí a hna. Beatriz, agradeciendo todo lo que había aprendido, porque sentí que lo que yo era como persona, se lo debía a mis padres y a las hermanas Pastorcitas. Me contestó: “Hna. Lucía en enero va a Goya y te va a visitar”. Así fue, me visitó e invitó a regresar a la Congregación, yo contesté “¿Quién va a hacer lo que yo hago?”, ella me respondió: “Dios va a poner otra persona en tu lugar” Y sentí muy fuerte el llamado de Dios pero no estaba segura de mi vocación.
Un día el P. Miguel Riel, me dijo, “Yo creo que vos tenés vocación, por qué no ingresás con las Redentoristas?” y me dio unos folletos. Pasó un tiempo, un hermano Redentorista ya mayor, me habló directamente y me dijo, vos tenés vocación…pero si te hacés religiosa, no lo hagas porque yo te dije, sino porque vos estás convencida. Yo continuaba escribiendo a hna. Beatriz y le pregunté una vez, si yo tenía vocación y siempre la misma respuesta, “Vos tenés que descrubrirlo”
Mi director espiritual era el P. Carlos Bartolomé, y un dia me presentó a las hnas. Auxiliares Parroquiales, pero a mí no me gustaban porque no tenían hábito, además yo siempre pensé, “si regreso, voy con las Pastorcitas”, porque guardé los mas hermosos recuerdos: el espíritu de oración, de familia, la alegría y la colaboración con los sacerdotes.
Un día va a casa una persona, de la secretaría de cultura y me ofreció hacer el curso de promotores teatrales, tenía todo pago, más el trabajo seguro. Papá dijo que sí por primera vez, pero me opuse a papá y dije que no.
Entré en crisis, y le dije a mis padres que quería ser religiosa. Para las fiestas de Navidad y año nuevo, fueron mi hermana María y su esposo, que vivían en Rosario, me propusieron ir con ellos, alejarme de la Iglesia y ver si continuaba sintiendo lo mismo. Me fui con ellos, pero continuaba escribiendo a hna. Beatriz y al P. Bartolomé. Ese año vino el Papa Juan Pablo II, yo estaba en Rosario y vine con los feligreses de la Parroquia Nuestra Señora de la Salud. Frente a la Basílica de Luján le mostré mi última carta que había recibido de hna. Beatriz y una tarjeta de las novicias y el sacerdote me dijo que ingresara.
Regresé a casa, hablé con el P. Bartolomé, con mis padres y el 1° de noviembre, día de todos los santos, me hicieron la Misa de despedida. Viajé el 2 y llegué a San Miguel el 3 de noviembre de 1982.
Me recibió después de 13 años, nuevamente hna. Beatriz, Madre Ignacia, las hermanas y novicias y las postulantes.
